Dibuja una tabla simple con estancias en filas y columnas para evaluar qué espacios no deben tocarse. Cocina junto a dormitorio es un clásico conflicto, igual que sala multimedia junto a cuna. Interponer un baño, un armario profundo o una librería empotrada puede bastar. Considera también vecinos ruidosos, orientación a la calle y patios internos. Ajusta puertas y accesos para que los flujos ruidosos nunca atraviesen áreas de descanso o concentración, priorizando rutas alternativas silenciosas.
Define niveles objetivo para cada habitación, como si planearas un presupuesto energético. Un despacho pide menos intrusión que un pasillo; un cuarto infantil necesita márgenes generosos. Con metas concretas, se eligen materiales y espesores sin improvisar. Anota los aportes de cada decisión: tipo de tabique, tipo de puerta, sello inferior, o alfombra. Así, si surgen límites de obra, sabrás dónde conviene invertir más masa, absorber reflexiones o redirigir usos para alcanzar la experiencia acústica deseada.
Máquinas silenciosas no bastan si su instalación transmite vibraciones. Montajes elásticos, bases de neopreno y manguitos flexibles reducen el ruido estructural. Coloca cuartos técnicos lejos de cabeceros y estudia los recorridos de conductos, evitando alinearlos con paredes de dormitorios. Añade revestimientos fonoabsorbentes en tramos rectos, curvas generosas y cajas plenum desacopladas. Las rejillas con deflectores y filtros limpios también previenen silbidos. Pequeños detalles coordinados temprano con la ingeniería evitan sobremedicar materiales en muros y techos después.
El índice IIC mejora con capas bien coordinadas: lámina resiliente bajo el solado, nivelación sin huecos, y acabados con soporte denso. En habitaciones infantiles, una zona alfombrada estratégica amortigua carreras y caídas. Evita atornillar directamente zócalos al forjado, usando tacos elásticos. Si instalas tarima flotante, respeta juntas perimetrales y cruces con perfiles flexibles. Para equipamientos domésticos vibrantes, añade bases antivibratorias específicas. Cada detalle resta transmisión vertical y convierte los horarios intensos en ruidos amables, fácilmente absorbidos por el conjunto.
Un falso techo con clips resilientes y doble placa de yeso, quizá con lámina viscoelástica intercalada, logra atenuaciones sorprendentes. Mantén continuidad en juntas y sella perímetros con masilla acústica. Evita luminarias empotradas alineadas con espacios críticos, o usa cajas estancas. Si hay instalaciones superiores, planifica registros herméticos. La alineación correcta de perfiles y la separación mínima requerida marcan diferencias audibles. Con una ejecución cuidadosa, la conversación de arriba se vuelve un murmullo distante, incluso en edificios donde antes la transmisión parecía inevitable.
El sonido busca atajos: huecos de instalaciones, columnas comunes, dinteles continuos. Interrumpe esas rutas con bandas elásticas, sellos ignífugos con prestaciones acústicas y cajas eléctricas desacopladas. En encuentros de muro con fachada, crea juntas resilientes que no se fisuren con dilataciones. Evita continuidad rígida bajo puertas con soluciones perimetrales que permitan el barrido automático. Un repaso con linterna y humo teatral revela fugas sorprendentes. Corregirlas suele ser barato y rinde más que engrosar superficies que ya cumplen con masa suficiente.